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lunes, 21 de mayo de 2012

Historia de la casa de Jorge Isaacs en Cali


Desde hace varios años, un misterio rodea la casa donde Jorge Isaacs terminó la novela  'María'. Nadie quiere afrontar el tema; solo Víctor Raúl Martínez, un arquitecto que ocupó hace tiempo un cargo en una oficina de Control Físico, se atrevió a contarme la historia, que relato aquí también basado en una biografía novelada sobre Jorge Isaacs, titulada  'En busca del Paraíso', de Fabio Martínez, profesor de la Universidad del Valle.
Es la historia de un despojo y una casa simbólica que cayó en manos del narcotráfico. La casa de El Peñón, de Jorge Isaacs, está ubicada en la carrera 4a. con calle 4a. oeste. La familia Isaacs la adquirió en 1843 por 300 patacones. El papá del autor de  'María', que también llevaba su nombre y era de origen jamaiquino, mitad sangre inglesa y mitad judía, llegó a Cali en busca de aventura comercial. Cali, a mediados del siglo XIX, era una aldea que, a lo sumo, tenía 25.000 habitantes. El límite occidental de la ciudad era la calle 5a. Ahí empezaban unas lomas que, por un lado, eran lo que sería el barrio San Antonio, y otras descendían hacia el río Cali. Pertenecían a la familia Lloreda desde comienzos del siglo XIX; el dueño era Clímaco Lloreda y, desde entonces, se conocían como las mangas de los Lloreda. Cuando Isaacs padre adquirió la finca, intentó tener ganado y construyó allí una casa de bahareque. Jorge Isaacs nació en 1837. Inició sus estudios en Buga y los prosiguió en Popayán. A los 11 años, fue enviado a Bogotá para ingresar en el Colegio del Espíritu Santo y, más adelante, en el San Buenaventura y el San Bartolomé.

La novela de una familia

Isaacs padre se vio afectado por la abolición de los esclavos, que decretó José Hilario López, en 1851. El joven Isaacs regresó a Cali en 1852 para ser testigo del derrumbamiento de su padre, que se refugió en el anís, hasta que le anunció que no podría pagar sus estudios en Londres. Después de regresar a Bogotá, Isaacs fue nombrado subinspector de caminos en la región de La Víbora, Dagua, sobre el año 60. Tenía 25 años, no se había definido por nada y fue entonces cuando empezó a escribir su novela "en el camino al mar que había iniciado su padre y en la noche, en un bohío hecho de árbol de matambre y hojas de palmeras y bajo el zumbido de los zancudos". Se enfermó de malaria y terminó de escribir 'María' en la casa de El Peñón.

El padre se había hecho dueño de la hacienda que se llamó Manuelita, en honor de su esposa, Manuela Ferrer, y que se convirtió en el ingenio Manuelita S.A., de propiedad de la familia Eder. También compró El Paraíso, la casa de la Sierra, escenario de 'María'.

Al morir el padre, la situación financiera de la familia estaba mal y el escritor tampoco acertó como administrador de los bienes. Se trasladó a Bogotá, se hizo amigo de José María Vergara y Vergara, abogado de profesión, quien lo asistía en los enredos jurídicos que lo acosaban, sobre todo con Santiago Eder, ciudadano norteamericano de origen ruso, papá de Harold Eder y abuelo de Henry Eder.
En 1866, salió acosado de Cali por las deudas y en 1867 publicó la novela.

A los 30 años, se convirtió en una figura continental,  pues 'María' obtuvo un éxito inmediato. Isaacs alcanzó la fama, pero solo recibió 200 pesos por derechos de autor y seis años antes de su muerte recibió 200 ejemplares de la edición que hizo Aguilar e Hijos, en México.

Isaacs escribió la mayor parte de la novela en la selva del Pacífico, hasta que, afectado por el paludismo, abandonó su trabajo y se refugió en la casa de El Peñón, donde hizo el último capítulo. Fue una gloria de las letras, pero en su vida personal fue un hombre endeudado y perseguido por Santiago Eder, que no andaba detrás de la casa de El Peñón, sino de la Manuelita y la casa de la Sierra, las cuales remató. Después, prácticamente desterró del Valle del Cauca a Isaacs, que terminó sus días en Ibagué. En Cali no le perdonaban su viraje político al liberalismo y le inventaban chismes y lo afrentaban cada vez que visitaba la ciudad.

Después de su viaje por Suramérica, intentó regresar a los negocios y fracasó.
Isaacs se refugió en Ibagué, en una casa de su amigo Emiro Kastos, cerca del río Combeima. Se trasladó a La Guajira, descubrió las hulleras de El Cerrejón y realizó estudios sobre tribus indígenas. La segunda excursión hacia el Caribe la hizo en un bote que bautizó 'Cáscara de nuez'. Enfermo, recurrió a sus amigos, a quienes pidió dinero prestado. Después de escribir el poema 'La tierra de Córdoba', que es un homenaje póstumo al patriota de Antioquia, y ante la adversidad de sus enemigos de Cali, le escribió una carta a su amigo Juan Clímaco Arbeláez, de Medellín, donde le expresaba su deseo de morir en tierra antioqueña y le daba las instrucciones del caso.

La carta dice: "Pero oye, si aquí en este lugar me dan tumba prestada, que pronto envíe Antioquia por mis huesos: a ella le pertenecen". El cambio de siglo  A comienzos del siglo XX, Ulpiano Lloreda, abuelo de Rodrigo Lloreda, tomó posesión de las lomas de San Antonio y formó un gran fundo. En esa casa, más tarde, Gabriel Posada y Valerio Tobón crearon una bebida llamada sidra holandesa, que se convertiría en Postobón.

En 1938, fue demolida la casa de adobe y la firma Borrero & Ospina construyó en ladrillo la Quinta del Peñón, al estilo californiano. El arquitecto Villa Housler, el dibujante René Allis y el maestro de obra Mario Azcárate le diseñaron una nueva fachada en 600 metros de construcción, en medio de 5.400 metros de naturaleza y árboles. Al terminar la década del 40, Luis Toro la vendió a Eduardo Ochoa, un próspero comerciante, padre de Lalo Ochoa -que se había casado con la reina nacional Margarita María Reyes- y de Wallis Ochoa, esposa del ganadero Abraham Domínguez Vázquez. La casa se mantuvo como un símbolo de este desarrollo y auge desde los años 30 hasta 1950.

Después del 60, hasta los 80, quedó en manos de la hija, Wallis, y de Domínguez Vázquez. Muchas fiestas de las primeras ferias se llevan a cabo ahí y también los agasajos a los toreros. La casa vivió un esplendor y muchas orquestas internacionales tocaron en ella. En 1985, murió Eduardo Ochoa y un año después, su esposa, Rubria Cucalón, decidió venderla. Fue estrangulada a los 77 años en circunstancias no aclaradas, pero que no tenían ninguna relación con el traspaso de la propiedad, pese a que se quiso presentar de esta manera.

En los años 80 vino el auge del narcotráfico. En los 90, se vendió la casa a la Constructora El Peñón, de Pacho Herrera. En ese momento fue cuando, como jefe de control físico, Víctor Raúl Martínez recibió la solicitud de licencia para construir dos torres. La propuesta de los nuevos propietarios fue tumbar la casa para levantar dos edificios de 22 pisos, pero Martínez nunca dio el permiso. La casa era patrimonio cultural de Cali desde 1993. Se afirma que el nuevo propietario se sentía estafado porque no podía construir lo que él quería en el terreno de la casa. Sin embargo, al lado se construyó un edificio de 22 pisos. La casa de Jorge Isaacs fue utilizada como bodega de materiales. La vivienda se agrietó y su estructura comenzó a verse afectada.

A partir de 1995, cuando los jefes del cartel fueron capturados, la primera recesión afectó directamente el inmueble. La Corporación Financiera Las Villas embargó a la Constructora El Peñón, que se vio asfixiada por falta de liquidez. En 1996, Las Villas cedió el proyecto a la Inmobiliaria La Providencia, de los hermanos Hernán y Óscar Borrero. Varios ciudadanos, desde la Sociedad de Mejoras Públicas, denunciaron las irregularidades sobre la casa. También llamaron la atención sobre el robo de las ventanas, las puertas, los baños y sanitarios traídos de Europa.

Un grupo de personas, encabezadas por Elly Burckhard y su esposo, Tulio Echeverri, con el apoyo del publicista Mario Fernando Prado, planearon construir un club que llevaría el nombre de Jorge Isaacs. El proyecto fracasó porque no alcanzaron a reunir la cantidad de socios necesarios. La Sociedad de Mejoras Públicas propuso que el municipio se quedara con la casa, aunque fuera por canje con otras propiedades, pues, ante la quiebra de la construcción, muchos propietarios entregaron sus bienes a cuenta de las deudas prediales.

Hace años está abandonada, saqueada, llena de escombros, en estado lamentable. Nadie da razón de su condición actual. Un misterio, de esos que suceden en Cali.

Umberto Valverde
Especial para EL TIEMPO

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