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sábado, 24 de septiembre de 2005

el mar de antares


Siete años atrás en un tren nocturno partiendo de Venecia-
“I have come curiously close to the end, down Beneath my self-indulgent pitiful hole, Defeated, I concede andMove closerI may find comfort hereI may find peace within the emptiness..How pitiful"
Reflection

Costaba trabajo dormirme. Parece que hubiera reposado por siglos y los sueños me fueran esquivos; algún tipo de vitalidad me llamaba a sentirme joven otra vez para salir a las calles a embriagarme, a sentir al viento amigo siempre despierto, siempre pagano. Irónicamente, el cuerpo desde cada uno de sus huesos emitía un dolor frío, como si me previnieran de la noche y auguraran un encuentro. Sabía que podía cerrar los ojos y permitir la ficción del olvido contaminarme por una noche, pero nunca jamás podría estar tranquilo. Fue precisamente en un instante perfecto en aquel tren nocturno, un instante como los que solemos convertir en medidas de tiempo, que vi estelas en el cielo - ese cielo que tantas veces había compartido con ella- , y entre las estelas, estaban las estrellas con su tímida luz cubriendo en el espacio inmenso un misterioso punto rojo.

Podrán llamarme ignorante, pero aún con tanta fascinación por estos cuerpos, no he logrado aprender si los puntos rojos son satélites, estrellas o planetas. La ignorancia en muchos casos es una bendición. Igual, que importancia puede haber si los sueños son los únicos que me pueden llevar tan lejos de mi mismo, pues en ellos cada uno es creador de las historias mas insólitas y por supuesto, de los nombres mas perfectos. Insomnio, poco cansancio, incomodidad, todo significaba una cosa: aquel cuerpo celeste y yo nos miraríamos las caras por un rato. Es claro que como humano, (cuando me acuerdo de serlo), suelo perder la concentración en cualquier imagen por impactante que sea, y en un minuto estoy en alguna que otra memoria sin ninguna relación con la originaria.
Desafortunadamente se me olvidó ser humanamente desconcentrado para no haberme acordado de las palabras mas dulces, frases que nunca pudieron salir de mi cuerpo, y que allí permanecen sepultadas entre tanta rabia y tanta intranquilidad. Esa noche, las flores del mal estaban en otro jardín, y sobre mi pequeña habitación no posaba algún cuervo en un busto de palas. Una Ventana y nada mas.Una vez concentrado en mi compañera y en la música brutal de mis sentidos, sentí una distancia entre los dos tan exacta a la distancia que por siempre tendré con Sarai. Sarai, un nombre perfecto para una historia insólita; cada mínima porción del cuerpo la ama mas a ella que a mi, la desean intensamente desde la visión hasta la intuición, manifiestan su soledad quebrantando mi respiración. He sentido como se sienten incompletos, vacíos en sabor hasta el punto que se anestesian para alucinar con ella, y entre todas las partes posibles, son mis labios ahora inertes y mi corazón lejos en la niebla de las ilusiones, los que mas la extrañan. Esta sorprendente comparación me congeló en fuego desde el vientre; Sentí manos invisibles entrando en mi interior, clavando espinas de rosas negras en cada uno de mis órganos para hacer imposible de alguna forma el existir: ese existir sin el dolor en cada respiro, en cada alimento, en cada cosa por ser vista y ser destruida. Pueden acaso imaginar un momento parecido? una pena inmensa por la vida, una pena inmensa fruto de la melancolía que nos aferra tanto a las memorias?. Tan solo un punto rojo, apagándose tan rápido como se iluminaba, con la ayuda de una luna cómplice ocultándose, pueden ser testigos de un momento privado, tan oscuro y dolorosamente intenso.
Mi reflejo nocturno, mi compañera tortura era Antares. Su corta luz, escondía ante mis ojos terrenales sus inmensas llanuras de gases y fuego en el espacio, y su triste color me recuerda esos atardeceres que desde ese pequeño antro llamado "hogar para dos idiotas", Sarai compartió conmigo. Han pasado siete años desde entonces, y son Siete años luz, - he leído hoy en un libro antiguo de Astronomía - , siete años de distancia los que me separan de Antares, siete años donde todo esfuerzo por vivir ha sido un esfuerzo para sufrir; Son los mismos años desde que mi soledad se vio quebrantada por una luz en el cielo, los mismos en que he olvidado olvidar y han comenzado mis días etéreos.

Todo tiempo pasado fue de otra persona, de otro yo destinado al destino, moldeado en ilusiones y memorias que a todos nos recuerdan quienes somos. Yo amaba creer en un camino, esperaba con ansias que mi deseo se encontrase con un final en rosas de paz y que todo lo que hubiese hecho fuera un ejemplo para el propósito general de todo lo existente. Ese era yo, solía creer en un camino. Años después en un tren, partiendo de otro lugar donde he pretendido recordar todo lo que tiende a ser dolor, en medio de tantas estrellas buscando refugio y empujándome lejos de los campos sembrados de un amor enfermo a ella, Antares me escogió a mi como su compañero agonizante y yo a ella, como mi estrella inmaculada.

Desde entonces todo ha comprendido una nebulosa de momentos y lugares, situaciones a las que nadie puede desaparecer por la incomodidad que generan otras situaciones similares donde la memoria nos hace una mala jugada. Los reconocen?. Son esos momentos tramposos, los que no somos capaces de enfrentar porque somos invisibles a nosotros mismos, y donde nunca podremos de forma alguna escapar a lo que somos, a lo que fuimos y a lo que nunca seremos. Ese rompimiento de armonía con el universo nos hace invisibles ante el reflejo que tenemos en el cielo, por lo que no todas las veces que levantamos la cara hacia la cúpula azul, la estamos mirando. Esa noche, toda ley draconiana que hice pedazos con voluntad cuando solía ser otra ilusión de lo que soy, unió fuerzas para contradecirme. En el universo que existe en mi espíritu, la presencia de Antares me molestaba cómodamente, de tal forma que el dolor crecía con mi propio consentimiento. Es imposible desear felicidad entre tantas memorias de aquello que para siempre desaparece, y que aún sigue siendo el todo. Ese dolor desde mis vísceras, ha sido durante siete años intensificado por la espera de un encuentro, un encuentro iluminado de fracaso por todas las mentiras que por siempre quedan en la piel.El recuerdo de esa noche, acaba para siempre en esta misma. Hoy Antares ha incumplido su rendez-vous con mi propia vida, y después de esperarla en nuestro lugar favorito y buscar su imagen en libros, me doy cuenta con gran sorpresa que esa noche en el tren, ella moría, y yo fui su único compañero de muerte. Solo esta noche, siete años luz después, su luz se calla ante estos ojos que terrenalmente quiero arrancar; La ilusión óptica, era una ilusión que alargo con falsas expectativas mi deseo de vivir por siempre en recuerdos, frutos de una melancolía infinita dejada en un vagón. Hay tantas formas de engañarse cuando el corazón decide ciegamente por todo el cuerpo!. Olvidé mis límites humanos; fueron siete años donde pretendí desordenar la armonía del universo para no terminar encerrado en la historia de un amor suicida . Mi paciencia desvanece su color como el de Antares en el cielo. Alguien me espera, alguien me olvida? Al final las decisiones y las palabras pierden todo sentido de ser para una vida en el limbo.Insomnio, poco cansancio, asombro e incomodidad, todo significa una misma cosa esta noche: El espacio inmenso, vacío y desocupado lleno de puntos insignificantes y vivientes se encuentra inundado por ese mar de lágrimas que nunca logre aceptar.
No todas las veces que levantamos las caras hacia inmensa cúpula, la estamos mirando.

“Dreams are bad when all they do is leave the truth behindDreams are bad when negativity's a state of mind”

2 fuerzas alrededor:

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